Disciplina en un año sin premios: cuando la calidad queda temporalmente eclipsada

16 ENERO 2026

Carta Trimestral

2025 no ha sido un año fácil para la inversión en calidad. Ha sido, más bien, uno de esos ejercicios que ponen a prueba las convicciones del inversor a largo plazo. Lejos de un entorno de recesión profunda o de deterioro de los fundamentales, el mercado ha mostrado un crecimiento razonablemente resistente. Sin embargo, ha premiado de forma muy selectiva los factores más direccionales, relegando los atributos clásicos de la calidad: recurrencia de beneficios, solidez financiera y disciplina en la asignación de capital.
Este contexto ha provocado uno de los peores comportamientos relativos del factor Quality desde la crisis financiera global. Tanto en Estados Unidos como en Europa, la dispersión entre compañías de alta y baja calidad ha alcanzado niveles extremos, no por un deterioro de los fundamentales, sino por un cambio en lo que el mercado estaba dispuesto a pagar. Sectores con fuerte componente cíclico o ligados al momentum han concentrado los flujos, mientras que compañías de alta calidad han pasado a cotizar a múltiplos históricamente exigentes… o, en muchos casos, injustificadamente deprimidos.
En este entorno, cambiar de estrategia para perseguir lo que ha funcionado en el corto plazo suele ser la antesala del error. La historia demuestra que las fases posteriores a grandes shocks económicos tienden a favorecer beta, volatilidad y expansión de múltiplos, penalizando temporalmente los enfoques disciplinados.
A este escenario se ha sumado un factor adicional: la debilidad del dólar frente al euro. Para estrategias globales con una elevada exposición a compañías de alta calidad denominadas en dólares, el efecto divisa ha actuado como un viento en contra en términos de rentabilidad en euros. Un impacto relevante en el corto plazo, pero que no altera en absoluto la capacidad de generación de valor intrínseco de los negocios subyacentes.

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Disciplina como ventaja competitiva
En Silver Alpha Vision Equities, el comportamiento del fondo no ha sido consecuencia de una apuesta táctica concreta, sino del resultado acumulado de decisiones coherentes a lo largo del tiempo: evitar negocios cuyo crecimiento depende exclusivamente de la expansión de múltiplos, limitar la exposición a factores extremos y priorizar compañías con visibilidad de beneficios, generación de caja y balances sólidos.
Compañías como Airbus, Microsoft, Rheinmetall, ASML o IDEXX ilustran este enfoque. No se trata de posiciones defensivas, sino de exposiciones selectivas a crecimiento de calidad, capaces de construir valor a lo largo del ciclo y de recuperarse con mayor solidez cuando el mercado vuelve a poner el foco en los fundamentales.
Mirar más allá del ruido
Cuando ampliamos el horizonte temporal, el ruido del corto plazo pierde relevancia. A lo largo de distintos regímenes de mercado, la calidad bien construida mantiene su capacidad de compounding, mientras que las estrategias más dependientes del posicionamiento táctico tienden a perder tracción.
El mensaje de fondo es claro: los factores que han dominado en 2025 no han eliminado la calidad, solo han oscurecido temporalmente su valor. En un entorno de mayor coste de capital, menor tolerancia al error y creciente dispersión entre compañías, la disciplina, la valoración rigurosa y la selección de negocios sólidos vuelven a ser diferenciales.
Porque, al final del ciclo, el mercado termina premiando aquello que durante un tiempo decidió ignorar.

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